Regalos para el alma.
Dicen algunos maestros budistas que el alma es la conciencia con la que vivimos día a día sólo que la mantenemos constantemente congelada en nosotros mismos, por las perturbaciones de la vida, el río inmenso de actividades y necesidades en los que siempre estamos inmersos sin reparar un solo día, un minuto, un segundo en saber cómo actúa nuestra conciencia espiritual. Quizás ésta nos grita, nos habla a través la famosa intuición, pero siempre es mejor entretenerla con cualquier deseo que nuestra mente nos ponga enfrente. No es fácil tener vida de renuncia. No es fácil vivir sin deseos, siempre estamos pensando qué hacer, a dónde ir o qué comprar, hay quienes dicen que hay que buscar el punto medio, después de todo no sólo somos espíritu también hay una materia que complacer y la vida tiene muchas delicias que no podemos ignorar. Escribo esto porque en Navidad siempre me entra un sentimiento de desesperación que nunca he podido compartir con nadie, creo que ese sentir viene de un hartazgo de ver cómo la gente entra en pánico por comprar cosas y cosas, cumplir deseos y más deseos, se cae en la desesperación por querer complacer a algún familiar o amigo con el réglalo que no encuentra ni en el mercado de la merced, menos en tepito. La gente va y viene, si tomáramos un video encima de un centro comercial, veríamos como la gente anda como hormiguitas de un lado a otro, saliendo y entrando de una tienda a otra, buscando, tronándose los dedos porque se está gastando el aguinaldo, pero no importa ésta navidad hay que comprar, hay que estrenar. Es por eso que me angustio, porque constantemente tengo una lucha entre continuar con ésta cultura heredada y seguir mis propias convicciones ¿hasta dónde sí y hasta donde no? ¿Hasta dónde entrar en la dinámica del pánico y hasta donde decir “hasta aquí”? ¿Dónde está el punto medio? Los regalos para el alma no los compramos, no hay un centro comercial que los aglutine, nadie puede comprar 100g de compasión, 1 kilo de conciencia y 4 kilos de salud mental, cómo podemos obtener todo esto que igualmente son regalos “decembrinos” para nosotros mismos y los demás. Por eso me he volcado hacia la celebración del año nuevo –que aunque viene de una costumbre occidental- lo tomo como una oportunidad de dar inicio a una carrera por el trabajo con la conciencia, por la búsqueda entre el equilibrio de lo que hemos heredado y construido culturalmente y lo que nuestras propias conciencias o seres desean sin violentar ninguna parte. El año nuevo para mí significa la oportunidad de dar inicio a cosas creativas, planes –realizables-, la oportunidad de visitar un lugar energético –en México hay miles- y pedir porque el próximo año tenga el valor de ser cada día más libre de deseos y apegos, y más capaz de conocer qué es la compasión –tan difícil de comprender para mí-. En fin, tratar de darle más regalitos al alma para hacernos seres humanos con valor, consientes y respetuosos de la vida. Seguramente el año nuevo la pasaré festejando cerca de un lugar sagrado, pensativa, y agentando las cosas que tengo pendientes por hacer. Feliz año nuevo para todos!
DEJANDO MEMORIA Y VIDA EN ESTE LUGAR
28 de diciembre de 2009
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14 de diciembre de 2009
Mujer sabia
Una mujer sabia es la que sabe ver:
Ver que su vida día a día tiene una enseñanza para ella.
Ver que las plantas que riega por la mañana le hablan y le dan un consejo al oído.
Ver que su historia de vida le abre conciencia en cada episodio.
Una mujer sabia necesita leer, escribir, pensar, meditar, reflexionar, analizar, ser….
No sé es sabia, sólo leyendo, sólo meditando, sólo analizando, se es sabia cuando la vida se hace compleja, diversa, con varios caminos al mismo tiempo que llevan a uno sólo.
Una mujer sabia está cerca de una leona que cuida, asecha, mira, es fuerte y sensible al mismo tiempo.
Una mujer sabia es vida, es fuerza, es coraje, energía, amor, compasión.
Por esto que ahora descubro, simplemente me enamoro cada día más de la vida.
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12 de septiembre de 2009
Cada que Sara tenía la oportunidad de topar con la vista de su hermana le exigía:
- ¡Roberta! ¡Roberta! ¡Cómprame un chocolate y una coca!
- No te voy a comprar nada, todo lo que te compro terminas regalándolo, no tengo dinero para comprarte nada más.
- Anda Roberta cómprame un chocolate y una coca, ándale, por favor.
- No tengo dinero. No.
- Bueno, no me compres el chocolate ni la coca, cómprame una paleta de un peso.
- No tengo un peso.
- Ándale una paleta, sí tienes un peso por ¡favor, por favor! Si no me lo compras me voy a salir.
Las palabras condicionantes de Sara hacia Roberta surtieron un efecto casi de adrenalina por sus venas, inmediatamente se levantó y siguió de tras a su hermana con el temor de que ésta se saliera del hospital y se echara a correr hasta perder la oportunidad de ser atendida por un médico, que al fin, le diera un somnífero que mantuviera quieta a su hermana y le evitara tantas penas y desgaste.
- ¡No te salgas Sara!
- ¡Sí me salgo! !! Cómprame una paleta de un peso!!
- Estoy harta. Semejante mujer cuarentona pidiendo dulces y chocolates. (Roberta balbuceaba mientras se pasa las manos por el cabello, estirando la piel de su cara. Adivino que casi estaba al borde del llanto).
¡ERES LA HERMANA MÁS INJUSTA Y CIEGA QUE HAY EN EL MUNDO!
Por ahí se escuchó un médico que gritó el nombre ¡Sara Mendoza, Sara Mendoza! Así fue como Roberta reaccionó y apresurada jaló a su hermana del brazo para dirigirla hacia el consultorio del médico. Mientras pasaba apresurada frente a Leonora cruzaron la mirada, Roberta le regaló una sonrisa como si hubieran intercambiado alguna clave secreta que sólo ellas conocían, y de inmediato cambió la vista hacia su objetivo: el consultorio médico.
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3 de julio de 2009
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4:29 a.m.
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Todo eso pensaba Irene mientras veía hacia el jardín desde el piso 7º -mujeres, la vista casi se le borraba del sueño, y es que pareciera que la vida ahí se convierte en algo menos que un sueño aletargado que no tiene fin hasta que una visita llega y toca la puerta del pabellón y le pregunta ¿cómo te ha ido, comes bien, cómo te has sentido?
Irene nunca sabía qué contestar a esas preguntas, ella solo tenía una idea en la mente, solo una idea rigiendo su vida, no había más, la vida se redujo a su idea que casi se convirtió en una convicción, un valor, así es la vida y así me quedo. Así es que cuando llegaba su hija a visitarla hacía un esfuerzo exponencial por poder complacerla y contestarle tal y como contestaría una persona “normal” “me siento bien, si, estoy comiendo bien, ¡ah! Y también me ha ido bien”. Pero en las profundidades de su mente sólo había una sola respuesta para todo, solo sus labios y una pequeña voz débil era la que trataba de adaptarse al mundo exterior que la rodeaba.
“¿Qué hago aquí? ¿Por qué me trajeron?” Irene, segura de sus convicciones y certezas de pensamiento consideraba absurdo estar en un psiquiátrico mientras la vida allá afuera se movía y seguía su curso “Qué hago aquí, quién me trajo, por qué” “Yo no estoy loca, sólo hay alguien que me habla y me dice lo que tengo que hacer, por favor ¡que nadie piense que estoy loca!”. Entre enfermeras y familiares le daban calma diciéndole: “No Irene usted no está loca, simplemente tiene creencias diferentes a las del resto de la gente, pero no está loca, ande, tome sus medicinas”.
Irene, mientras tomaba dócilmente sus medicinas sólo pensaba, mientras veía el jardín que para ella representaba una inmensidad, en lo extraño y absurdo que aquella voz en su cabeza se había convertido, no obstante, tan real, tan viva, tan regidora de sus actos, pero ¿Qué había de malo en escucharla? ¿Qué había de malo en escuchar a alguien más? …. Continuó tomando su medicina y luego casi desvaneciéndose se echó a dormir.
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26 de enero de 2009
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3 de enero de 2009
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La diversidad.
Todo esto para platicarles que mi Navidad fue “exótica” cené comida de la India en compañía de mi pequeña familia (pero muy amorosa) nos dimos un banquetazo exótico, altamente llenador, probamos sabores salados, dulces, agridulces, todos hicimos caras distintas a los sabores, Isabella dijo que ella quería tostadas de las que saben buenas (o sea totopos de tortillas de maíz y no tostadas hechas con granos molidos como las que nos sirvieron durante la cena), le explicamos que lo que comía provenía de otro país distinto al nuestro, que tenía que saber distinto, pero claro a sus tres años eso no le importa tanto como a la tía que ahora escribe en este blog, la comida “exótica” será para después quizás luego, cuando Isabella se apropie primero de la cultura que la ha visto nacer.
Para desear buena vida, salud y paz algunos suelen decir feliz Navidad mientras otros prefieren decir feliz nacimiento de Buda, a mi me gusta decir espero que todos, en cualquier momento de nuestras vidas, nos regalemos instantes para hacer conciencia de las cosas que nos provocan placer en éste mundo, para después practicarlas.
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